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Austria: la noria gira o cómo perder un imperio y ganar el futuro

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viena_1“ En Italia, en 30 años de dominación de los Borgia hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel Angel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor y fraternidad, 500 años de democracia y paz y ¿que tenemos? El reloj de cuco. ” Esta es la célebre frase de Orson Wells a Joseph Cotten en la cabina de la noria gigante de Viena, en plena postguerra, con una ciudad aún llena de escombros de la guerra, dividida entre las cuatro potencias vencedoras. Han pasado 66 años del rodaje de la película en el Prater de Viena y 112 años desde la inauguración de la noria gigante, pero milagrosamente estamos en la misma cabina de madera que gira lentamente sobre el cielo de la capital austriaca. Es finales de diciembre cuando ascendemos los cuatro viajeros en la vieja cabina repleta de turistas.

La cínica frase que escribiera Grahan Green para ponerla en boca de Harry Lime, un malvado magistralmente interpretado por el genio norteamericano que hiciera creer a sus compatriotas algunos años antes que había comenzado una invasión extraterrestre, intenta justificar ante su amigo que si roba y adultera penicilina no hace más que colocarse en el lado de los poderosos. En mis oídos suena la inmortal cítara de Anton Karas cuando contemplo los rascacielos de la moderna Viena, surgidos de la niebla.

Gira la noria. Más de 19.000 soldados del Ejército Rojo murieron liberando Viena de los nazis. Luego a los austriacos les costó no poco liberarse de los tanques de Moscú. El comandante en jefe de los alemanes, general Rudolf von Bunau, no ejecuta la orden tajante de Hitler (Orden Neron) destinada a destruir Viena. Tan solo destruye los puentes ferroviarios y el famoso Puente del Imperio se salva ¡seis veces! de  ser volado. El excanciller de la República Austriaca, Karl Renner, corre a ofrecer sus servicios a Stalin para una posible refundación de Austria cuyo “futuro, sin duda, pertenece al socialismo”. Finalmente, el Telón de Acero cae a unos 50 kilómetros de Viena, en la frontera húngara. En 1955, las cuatro potencias vencedoras dejan la ciudad y Austria alcanza su independencia definitiva.

La noria ha girado varias veces. En 1867 nace el Imperio Austro Húngaro y Viena se convierte en el centro cultural de Europa. En 1916 ya tiene más de dos millones de habitantes. El Imperio se extiende por los territorios que hoy forman nada menos que trece países, con muy diversas lenguas, etnias y culturas.

Dos disparos en Sarajevo. Y de nuevo la noria, el ciego azar que parece dominar la insensata historia. El archiduque Francisco Fernando, heredero del trono, visita Sarajevo con su mujer. Unos conspiradores serbios están apostados en varios lugares de la caravana oficial preparados para el magnicidio, pero se quedan paralizados en el momento cumbre. Finalmente, uno de ellos logra lanzar una bomba, pero rebota en la capota del coche y estalla en el suelo produciendo pocos daños. Francisco Fernando está indignado, pero quiere continuar y visitar a los heridos, contra todo consejo. Uno de los conjurados,  Gavrilo Princip, de la Joven Bosnia, ya sabe el que plan del asesinato ha fracasado. Está comprando un dulce cuando ve el coche de Francisco Fernando maniobrando para tomar el Puente Latino. El coche se cala. Princip no se lo piensa, se acerca al coche y desde cinco metros dispara dos balas con una pistola de pequeño calibre. Alcanza al archiduque en la yugular y a la duquesa en el abdomen. El heredero está preocupado por su esposa: “Sofía, Sofía, no te mueras…¡vive para nuestros hijos!”. A los que le interrogan sobre su estado, repite hasta seis veces, “No es nada, no es nada”. Francisco Fernando murió diez minutos después de Sofia.

El Imperio quiere dar una lección a los serbios. Se declara la Primera Guerra Mundial. Luego la Segunda Guerra Mundial, como consecuencia. En total, tras los dos disparos de Princip, mueren no menos de 80 millones de personas, se derrumban los imperios, se arrasa Europa, caen dos bombas atómicas sobre Japón…

Gira la Noria. Tal vez todo habría sido diferente si…El heredero del trono imperial no iba a ser Francisco Fernando, sino el archiduque Rodolfo de Habsburgo-Lorena, príncipe de Austria, Hungría y Bohemia, único hijo varón del emperador Francisco José I, e Isabel Amalia Eugenia Duquesa de Baviera, conocida como Sissí. Los Habsburgo son la dinastía más larga (de 1278 a 1918) y con más poder de la historia de Europa. Pero tanto poder y riqueza, tanta desmesura, está destinada a sucesivas tragedias. Sissí tiene 15 años cuando acompaña a su hermana, llamada Nené, a conocer al que debía ser su prometido, el emperador Francisco José, que cumple ese día su 23 aniversario. El emperador cae rendido ante la belleza casi irreal de Sisí. A los pocos días se celebra el compromiso matrimonial. Sissí está intimidada. En su primera recepción rompe a llorar y abandona la sala. Sissí medía 1,72 y pesaba 45 kilos, con una cintura increíble de 51 centímetros.

Gira la noria: dos disparos en Mayerling. El archiduque Rodolfo, heredero de la corona imperial, ha salido bastante distinto de su padre, el emperador Francisco José I, tal vez tiene algo del carácter rebelde e indómito de su madre. Tiene ideas marcadamente liberales y es un mujeriego redomado, poco le importa su matrimonio de conveniencia con Estefanía de Lieja. Pero lo deja todo cuando conoce a María Vetsera, una bella aristócrata de origen húngaro, de la que no se separó hasta su muerte, un año después, en el pabellón de caza de Mayerling, en el bellísimo escenario de los bosques del norte de Viena. ¿Un pacto de suicidio? Dispara a la cabeza de su amante con una pistola. Transcurren cerca de ocho horas hasta que se dispara a sí mismo en la sien. El cadáver del heredero tiene cortes y magulladuras. La cabeza de su amante no tiene ningún orificio, pero sí parece que la han dado una paliza. El misterio de Mayerling.

Es un increíble día soleado de diciembre, que amaneció con niebla. El bosque luce verde y espléndido, Mayerling ha sido trasformado en un centro turístico. El emperador mandó destruir el dormitorio en el que había tenido lugar la tragedia, pero Sissí le convenció para que hiciera en su lugar una capilla.

Gira la noria: el destino de Sissí. Hace años que su alteza imperial Isabel Amalia se dedica a viajar por el mundo y se relaciona con su marido por carta. Es un 10 de septiembre de 1898 cuando está paseando por el lago Leman, en Suiza, en compañía de la condesa Irma Sztaray. Un anarquista italiano ronda por allí, planeando un atentado contra el pretendiente Orleans al trono francés. Lee en un periódico que la emperatriz se encuentra en la ciudad y en una carambola del destino la reconoce en la bella mujer vestida de negro que pasea por la orilla del lago. Como el bosnio Princip, no se lo piensa: finge que tropieza con ella y clava un finísimo estilete en el pecho imperial. Sissí se levanta del suelo y dice que no es nada. Sube al barco que las estaba esperando y allí se siente mareada. La condesa le desabrocha el vestido y ve una gota de sangre: el estilete ha alcanzado mínimamente el miocardio. Muere allí mismo. La noticia llega a Francisco José. Sus únicas palabras fueron: “ustedes no saben cuánto he amado a esa mujer”.

Gira la noria y una multitud aclama a Hitler en la Heldenplatz vienesa. Una verdad incómoda: una masa de 250.000 austriacos aclamó a Hitler, que había llegado a Viena el día anterior. Alemania se apoderó de Austria y la unión fue aprobada por el 99,7% de los votantes austriacos un mes más tarde, si bien con un proceso electoral manipulado.

La noria da un vuelco inesperado, tras una Austria devastada y Viena repartida entre cuatro potencias. Tras unas largas y difíciles negociaciones, Austria logra la independencia a cambio de declarase neutral. Una neutralidad salvadora.

Austria lleva décadas gobernada por la socialdemocracia, que ha proporcionado al país uno de los estados de bienestar más avanzados del mundo. Ahora se está cerrando a cal y canto a la inmigración, la cuestión de los refugiados impulsa al ultraderechista Partido de la Libertad de Austria (FPO), que ha avanzado hasta más del 30% de los votos. En octubre pasado, en las elecciones municipales de Viena superó esa marca por primera vez en su historia. Menos mal que volvió a triunfar el alcalde socialdemócrata Michael Haupl, con el 39,5% de los votos.

Los logros de estas décadas son bastante impresionantes: la noria austriaca se acerca cada vez más al exitoso modelo suizo, que hicieron mucho más que inventar el reloj de cuco. La paz y la democracia, de la que se burlaba Orson Wells en la piel de un ladrón sin escrúpulos, ha llevado a Suiza a uno de los niveles de riqueza, bienestar y libertad sin igual en el mundo. El año 2014 registra una renta per cápita de nada menos que 64.000 dólares, frente a 38.500 para Austria (España está ese año en 22.700 dólares). El gasto público per cápita es muy similar en ambos países alpinos, algo más de 20.000 dólares (España se queda en la menguada cifra de 9.900 dólares, a pesar de tener una abultadísima deuda pública, lo que habla con elocuencia de la gestión de gobierno en nuestro país). La tasa de paro en ambos países se acerca la pleno empleo (en torno al 5%) mientras que nosotros tenemos un vergonzoso 21,2%. El salario medio es de 26.000 dólares en España, de 42.500 en Austria y de un envidiable nivel de 74.500 dólares en Suiza. Si Austria no se aparta del camino, ese pequeño país de ocho millones de habitantes, entre montañas y sin salida al mar, tenderá a converger con su vecino suizo en pocos años.

Gira la noria y Viena está repleta de turistas en las fiestas de Navidad de 2015, refulge en sus mercadillos, en sus cafés, el Sacher y el Central tiene colas perennes ante sus puertas. Austria recibe siete millones de turistas extranjeros al año y su capital es el gran atractivo. La desmesura, el fasto descomunal de la Corte Imperial es ahora un modelo turístico único. El complejo de los palacios de Hofburg es un centro de 16 museos espléndido, refulgente, abarrotado de turistas de todo el mundo. Su Museo de Ciencias Naturales es, por ejemplo, tal vez el mejor del mundo. La obsesión de los Hasburgo por el coleccionismo ofrece un abanico insólito en un complejo de palacios en los que unas 5.000 personas atendían y servían a una sola familia. Solo la platería y la cerámica son abrumadoras: el servicio denominado Gran Vermeil, por poner un ejemplo, se compone de 4.500 piezas de plata dorada al fuego. Otro servicio de oro pulido se fabricó para sustituir al que se había fundido durante la guerra contra Napoleón para acuñar monedas. El museo Sissí, convertido en un icono, está tan abarrotado que tenemos que hacer esfuerzos para no perdernos entre la multitud. Mi mujer Lorena, Paula, Sergio y yo, nos sentimos literalmente abrumados. Hofburg es solo la residencia de invierno. En el palacio de verano de Schonbrunn, de 240.000 metros cuadrados y más de mil habitaciones, es difícil seguir las explicaciones del guía. Y luego está el Belvedere con su fastuoso jardín…

Los grandes imperios están abocados a grandes caídas. Por una serie de circunstancias, Austria ha logrado reconvertir su inmanejable y desmesurado imperio en un pequeño país entre los más avanzados y prósperos del mundo. Una hermosa lección histórica, perfectamente de actualidad, cuando no muy lejos de dicho pequeño país, Vladimir Putin intenta revivir la disparatada cárcel de pueblos que fue el imperio soviético. Haría bien en leer a la periodista y Premio Nobel de Literatura Svetlana Aleksiévich, que le recuerda que Rusia y su autoritario primer mandatario se equivocan de nuevo en elegir la supuesta grandeza de los sueños que devienen pesadillas antes que construir una nación en la que la gente pueda vivir una digna existencia, sin peleas con sus vecinos.

¿Por qué viajamos? ¿Por qué me empeño en dar saltos por el mundo con mi familia, con dos chicos jóvenes a los que intento enseñar algo más que ciudades y paisajes? ¿Puede transmitirse mi pasión por ese nomadismo, que intenta ir algo más allá del entretenimiento, las vacaciones, el descanso más cansado tal vez? Me interesa cada vez más la historia, no como una sucesión de acontecimientos, sino como una enseñanza imprescindible para orientarnos en un presente convulso e inseguro. La dimensión del mundo es también la de sus calles y sus plazas, el atareado ir y venir de sus gentes, cualquier lugar, un banco en el paseo, un golpe de mar, la hondura de los bosques, la hierba mojada por la lluvia, una brizna de arena…para que podamos mirar nuestro propio lugar en el planeta, la puerta de nuestra casa, como la ventana de algún misterio ignoto.

¿Qué importancia tiene el ciego azar en la historia? ¿El paso del tiempo, deja acaso una huella que pueda ser un norte, una brújula? Las más grandes realizaciones del género humano, que nos parecían inmutables, son en realidad muy frágiles, de las orgullosas ciudades solo quedó el viento que pasaba por ellas. Todo el bienestar, la libertad y la cultura, está en realidad a merced de nuestro acierto, de nuestra capacidad para administrar la delicada herencia. Banderas que convocaban a masas ardientes dejaron solo humeantes ruinas. Si como dicen algunos, viajar es la mejor arma contra los nacionalismos, contra cualquier ideología simplificadora, solo esa posibilidad bien puede merecer la pena.

 

Madrid, 4 de enero de 2016.

MIGUEL ORMAETXEA
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