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REGRESO 55 AÑOS DESPUÉS

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22-C-1 (FOTO)

Más de 55 años separan estas dos fotos

Mi madre salió y se cerró la puerta. Sentí de golpe un nudo en el estómago en la penumbra del recibidor de L’Hostelerie de Caux, en la montaña suiza. En unos días cumpliría 16 años, no tenía un franco en el bolsillo y entendía con cierta dificultad el francés, con el escaso bagaje del Colegio del Pilar. Era julio de 1962. Yo había pedido aquello, era cuestión de aguantar. Y aguanté hasta bien pasado agosto. No lo pasé bien. Los lunes libraba. Desayunaba y bajaba a Montreux por el sendero del bosque (por carretera son 9 kilómetros de estrechas curvas) El cartel que hay ahora dice que son 1 hora 40 minutos, de bajada, son 1.142 metros hasta el nivel del lago Leman. Deambulaba todo el día por los bellísimos paseos de la orilla del lago y sin probar bocado subía de nuevo cuando comenzaba a anochecer, mirando con aprensión las sombras del bosque. Y me acostaba.
Los dueños eran un matrimonio joven, Charles y Vera Rust, él cocinaba y ella recibía y atendía. Discutían en alemán, él era de Zurich, brutote, currante. Ella fina y tranquila. Un día vi como Chales cabreado le daba una sardineta en el culo a Vera, que dio un respingo. ¿Tendrían hijos?

Todo el equipo de la hostelería, en el centro, Charles y su mujer. Detrás con gorra, está un danés que nos dio a cada uno un pequeño plato de cerámica como propina. Yo conservo el mío. / Hoy L'Hostelerie de Caux está en venta.

Todo el equipo de la hostelería, en el centro, Charles y su mujer. Detrás con gorra, está un danés que nos dio a cada uno un pequeño plato de cerámica como propina. Yo conservo el mío. / Hoy L’Hostelerie de Caux está en venta.

Volví 55 años más tarde, con la esperanza de saber algo de ellos. El hotel estaba cerrado a cal y canto con un cartel de Se Vende. Subir con el coche por la estrecha carretera había sido un ejercicio de cabezonería, a pesar del Volswagen Touran automático, nuevecito, que alquilamos en Ginebra. Lorena se inquieta, no se ve nada. Niebla y más niebla. De golpe, se abrían claros que dejaban ver una alucinante paisaje de montañas nevadas y la vasta orilla del mayor lago de Europa occidental, centelleante entre girones blancos.

Indicador de senderos en Caux.

Indicador de senderos en Caux.

En julio de 1963 trabajé en el hotel Righi Voudois, de Glion, el pueblo más abajo de Caux. Si no recuerdo mal, mi hermano Ignacio pasó por allí, preguntó y le dijeron que necesitaban ayuda en verano. Así que aterricé de nuevo en Suiza, a pesar de la dura experiencia del año anterior. Debía tener muchas ganas de dejar la casa de mis padres. Esta vez fue mucho mejor, mi primera gran borrachera, la camaradería con los otros emigrantes, con mi compañero de habitación, un español que estudiaba medicina en París, sus sordas peleas con un italiano, lentas, prolongadas, poniendo patas para arriba la habitación, mientras yo los mantenía a raya empujándoles con el pié para que no llegaran a mi cama.

En Glion, julio de 1963 / mayo de 2016

En Glion, julio de 1963 / mayo de 2016

El hotel está ahora cerrado y medio desmantelado por dentro, fantasmal. Solo el gran jardín asomado al lago se mantiene. El gran hall de entrada, por el que pasé cada día la aspiradora a primera hora de la mañana, tan solo tiene ahora un piano de cola desvencijado.

En los jardines del hotel Righi Vaudoise, en julio de 1963, con Manolo. / El hotel hoy, propicio para rodar una peli de miedo.

En los jardines del hotel Righi Vaudoise, en julio de 1963, con Manolo. / El hotel hoy, propicio para rodar una peli de miedo.

Busco la casa en la que nos alojábamos. Está abandonada, cubierta de maleza.

Mi casa en Glion, abandonada.

Mi casa en Glion, abandonada.

¿Qué ha pasado? Toda la zona de Montreux ha cambiado poco, han hecho una autopista elevada para pasar por detrás sin alterar el bellísimo paisaje. Todo está hipercuidado, ahora hay un precioso paseo con flores de once kilómetros que une Vevey con el castillo de Chinon. Los países muy ricos se pueden permitir el supremo lujo de no cambiar.

Montreux en los años 60 y hoy (véase a la derecha la autopista elevada).

Montreux en los años 60 y hoy (véase a la derecha la autopista elevada).

Siento un cierto regusto melancólico, pero se me pasa en cuanto pienso que la expectativa de vida es menor de 55 años en más de la mitad del mundo. Respiro el aire fresco de las montañas, la primavera incipiente, de la mano de Lorena.

Busco las datos. La renta per cápita de Suiza en 1962 era de 2.131 dólares. Entonces España apenas llegaba a los 500 dólares. El año pasado Suiza se colocó en 72.705 euros per cápita! Solo superada por Noruega y poco más. No está mal para un país multicultural, con cuatro lenguas, ocho millones de habitantes, un tercio de población emigrante, sin salida al mar, sin recursos naturales.

España está en 23.300 euros, tampoco está tan mal. Algunos datos para la reflexión: la deuda externa nos acosa, Bruselas nos ahoga, la austeridad nos asfixia. Pero la deuda por cápita de Suiza es de 29.380 euros y la nuestra de 23.045. Caramba! Claro que su prima de riesgo es negativa, hay que pagar intereses para comprar deuda suiza.

El gasto en educación per cápita suizo es elevadísimo, 3.266 euros, más del triple que el español. La prosperidad no cae del cielo. En el ranking de competitividad, Suiza está nada menos que en el número uno. España en el 33. El salario medio de ellos está en 84.545 euros, el nuestro es de 26.258.

Suiza está debatiendo en estos momentos la realización de un referendum para la posibilidad de establecer una renta básica para todos los suizos de 2.500 francos mensuales.

En otra ocasión hablaremos del Gobierno. Del suyo y del nuestro. Palabra!

Desde la terraza de nuestra habitación, dando al lago Leman.

Desde la terraza de nuestra habitación, dando al lago Leman.

Miguel Ormaetxea

Mayo de 2016.

MIGUEL ORMAETXEA
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