Sign up with your email address to be the first to know about new products, VIP offers, blog features & more.

Obra de teatro de una duración aproximada de una hora

Publicado el 0 Comentarios Sin etiquetas 0

Un buen polvo

(Obra de teatro original de Miguel Ormaetxea)

La Terminal 4 está atestada este fin de semana de verano. Un tipo con pinta de ejecuta espera en la cola del control de seguridad, pelo cano (poco) y barba muy cuidada, más de 60 años, traje verde claro, caro, sin corbata. Coge su equipaje del suelo para avanzar cuando siente que le tocan el hombro. Es una chica joven, bolso de Gucci y sonrisa descarada.

-“No me importa si me quieres llevar la maleta”, le dice con un punto burlón.

-“Hostias, perdona, me equivoqué de bulto, pero no creo que vayamos al mismo sitio”.

-“¿Tengo pinta de ir a algún sitio en particular?”.

-“Tienes pinta de no ir a un sitio absurdo como yo. Voy a Belgrado y no precisamente de vacaciones”. ¿Y tú?

-“Zúrich, Suiza, tampoco de vacaciones”.

-“Te lo cambio”.

-“Va a ser que no, gracias”. Pero podemos cambiar las maletas, podría ser divertido”.

-“¿Y qué hago yo con tus braguitas y tus sostenes”?

-“No llevo”.

-“¿Puesto?”

Aparece una amplia sonrisa en la cara de ella.

-“En la maleta, tonto”.

Se quedan  mirándose un momento. Él la mira de arriba abajo, desafiante. Ella le devuelve la misma mirada, sus claros ojos se entornan y le dice:

-“Te aclaro que NO estoy ligando contigo”.

-“Aclaración innecesaria, por lo menos te saco 25 años. A estas alturas, prefiero una conversación inteligente a un buen polvo. Y fíjate que he dicho UN BUEN POLVO.

-“Defíneme un buen polvo”, le dice ella, alzando su barbilla, labios pintados de avellana.

-“Humm, aquí en la cola de seguridad… Pero cuando pasemos el control, si no tienes mucha prisa, te invito a un café”.

-“Me sobra un “puñao”, siempre voy con tiempo a los aviones, por si hay alguien interesante en la cola”.

-“¿Te interesan las colas?”

-“No tienes edad de chascarrillos adolescentes”. Te espero al otro lado del “streeptease” con la guardia civil”.

-“Vale, amor”.

Ya al otro lado, cada uno con su maleta, parecen muy divertidos los dos, andando por la extensa terminal. Hay un café estilo parisino, tranquilo.

Ella le dice:

-“¿Te parece aquí? Estoy impaciente por la explicación. ¿Vas a entrar en detalles?”.

-“Con muchos detalles, prometido”.

-“¿Me voy a sonrojar?”

-“No creo que lo hayas hecho en tu vida”.

-“¡Caray! ¿Parezco una loba”?

-“Desde luego, no pareces cordera”. Un cappuccino para mí”.

-“Otro”.

Se sientan en un extremo de la sala. Él se inclina hacia ella, la voz grave y le suelta:

-“¿Estás casada?”

-“Arrejuntada. ¿Y tú?”

-“Solo juntado. No vivimos juntos”.

-“Eso no vale, no computa”.

-“No es una puta. Es una chica normal, algo más joven que yo.

-“Vuelves a la adolescencia, tienes alguna asignatura pendiente”.

-“Perdona, me pongo serio. Pero te aseguro que tengo muy pocas asignaturas pendientes”.

Ella, irónica:

-“¿Estás de vuelta y esas cosas?”

-“No he vuelto nunca, ni siquiera al primer amor. Solo he vuelto a un restaurante que se llama “Volver”, que está en Ushuaia, en la Patagonia argentina. Y nevaba”.

-“¿Y qué pasó con el primer amor?”.

-“No hubo primer amor. A mí siempre me ha interesado más el último amor”.

-“¿Lo encontraste?”.

-“Tal vez hace 10 minutos”.

-“Coqueteo demasiado evidente, ¿no crees?”

-“Tu dijiste en la cola que no estabas ligando conmigo. Y yo NO estoy coqueteando, no tengo la edad, o tal vez demasiada edad.”

Ella se pone seria. Toma un sorbo y la espuma se le queda en el labio superior. Luego le dice:

-Háblame de la chavala esa del “juntao”. Y claro, del polvo bueno, que no sé si van juntos”.

-“Si tú me hablas del “arrejuntao”.

-“Parece justo. Pero lo del buen polvo fue un enunciado tuyo, yo no he prometido nada al respecto”.

-“Estoy seguro de que sabes mucho al respecto”.

-“¡Que va! Yo siempre estoy dispuesta a aprender sobre tales temas.”

-“¿Clase teórica o práctica?”

-“Esta va a ser teórica, nuestros aviones difieren”.

-“¿Solo los aviones?”

Él se pone serio de repente. La mira como si la viese por primera vez. “Les jeux sont fait”.

-“Bueno, empecemos por el principio, estoy un poco desorientado contigo. ¿A qué te dedicas? ¿Cómo pagas el Gucci que llevas en el brazo?”

-“¿Cómo sabes que no es una falsificación?”

-“Por la forma en que lo luces”.

-“Está bien chico listo. Trabajo en HTF, Trading de Alta Frecuencia. Algunos lo llaman “inversión ventajista”. Completamente legal. Soy una “Flash Girl”.

-“Cujons! Leí el libro de Michael Lewis. Movéis cientos de millones en fracciones de segundos, ayudados por Inteligencia Artificial y potentes ordenadores. Los inversores normales son unos pardillos. ¿Me equivoco?”

-“No mucho. ¿Cómo sabes de esto?”

El chico maduro se echa hacia atrás en el asiento, entrecierra los ojos. Silba.

-“Trabajo en ZDNet, mi amor”.

-“¿Qué coño es eso?”

-“No es un coño, es más bien un agujero negro, una lista negra. “Conoce a tu cliente”, decimos. ¡Una mierda! Una World Check List con más de 2,7 millones de entradas, personas, empresas, organizaciones.

Si tienes algo que ver con financiación al terrorismo, dinero negro a espuertas, algo turbio, te voy a encontrar ahí, mi amor. Más de 300 agencias gubernamentales y de inteligencia, la mayoría de los grandes bancos del mundo y de los grandes bufetes de abogados, nos pagan, pagan aThomson Reuters, que compró la compañía por 530 millones de dólares. Seleccionamos mucho a nuestros clientes y les exigimos absoluta confidencialidad.”

-“¡Joder, joder! eres un pájaro en una jaula dorada”.

-“Es cuestión de saber de qué lado estamos de los barrotes, lo que no es tan fácil”.

-“Así que tú también compras en Gucci”.

-“No, en Louis Vuitton”.

-“Recapitulemos. ¿Qué tiene esto que ver con “un buen polvo”? ¿Haces como Dominique Strauss-Kahn?”

-“Para nada, más bien como Sarkozy, mi mujer me los pone y me entero por la portada del “Paris

Match”. Y encima le digo: “Vuelve, te perdono”. Y ella con el dedo tieso.

-“No me das pena, Presidente de Francia, ahora te tiras a Carla Bruni”.

-“Ahora me tiro, cuando cuadra, a una chica, la “juntada”, ella en tu casa y yo en la mía. Le soy asquerosamente fiel.”

-“Moi non plus”.

-“Verás. Yo empecé siendo Afrodita Pandémica y acabé siendo Venus Celeste a tope.”

-“Eso también lo dijo Gil de Biedma, que era un homosexual y puta cacasena, según su propia definición.”

-“Y un poeta que te cagas. “Porque en amor también es importante el tiempo, y dulce, de algún modo, verificar con mano melancólica, su perceptible paso por un cuerpo”… Háblame del “arrejuntao”. Te toca.”

-“Ufff…No tiene nada que ver conmigo, tal vez por eso estamos juntos.”

-“Pero te tiene cada noche entre sus brazos…”

-“Menos noches, menos brazos. Eso sí, cada noche, cuando toca, me espera con la cena hecha, una botella de rosado francés descorchada”.

-“Y te duermes en sus brazos”.

-“Para nada, no puedo dormir así, me doy la vuelta.”

-“Y amaneces en sus brazos…”

-“¡Que no, coño! me levanto antes que él, sin hacer ruido. ¿De verdad te crees la versión Disney de la pareja?”.

-“Déjame que te cuente: lo del “buen polvo”. Nos metemos en la cama los dos completamente desnudos, entrecruzamos los brazos y las piernas, pone su boca junto a la mía y en pocos minutos siento cómo se relaja, cambia su respiración y se duerme, yo procuro estar aún unos minutos despierto, sin moverme.”

-“Me apunto”.

-“No vale. Eso hay que ganarlo en duros trabajos de amor disperso, en desencuentros infinitos, en “yo me bajo en la próxima, ¿y usted?”. La pareja que vale es como subir una montaña, hay que sufrir. Luego llegas a la cima y tienes que bajar enseguida. Poco a poco, te vas dando cuenta que el camino lo era todo, en los intersticios, en las hendiduras, en los interludios, en los pliegues del tiempo.”

-“¿Y sufriendo un poco menos?”

-“¿Crees que eso del amor es a la carta? ¿Qué se puede pedir por Internet?”

-“Tío, ¿de verdad trabajas en Thomson Reuters?”

-“Pagan bien y me dejan mucho tiempo libre”.

-“Claro, tendré que preguntarte qué haces en tu tiempo libre”.

-“Seduzco jovencitas”.

-“Menos mal que estoy lejos de ser jovencita. Me libro”.

-“Entonces volvamos a lo del buen polvo. Creo, amor…”

-“Deja de llamarme amor, no crees en él”.

-“Desde luego que no, ¿por quién me has tomado? Esa “superestructura a posteriori”, esa ilusión sin porvenir, esa sugestión para consuelo de beatas, esa calderilla que encontramos tirada por las aceras del mundo, ese bla-bla de telebasura, ese catecismo con el que torturan a los niños hasta que aprenden a decir su primera mentira, que diría Brando mientras daba por el culo a la Schneider”.

-“¡Qué desagradable!”.

-“¿El qué, tomar por el culo? Depende.”

-“Me gustaba más lo de la cama, pero para dormir”.

-“¡Ah!, haberlo dicho, volvamos a la cama, y nada de follar. Verás, la luz empieza a entrar por el abierto balcón. Me pego a ti despacio, con un pie aún en el piélago del sueño. Tú de espaldas, restriegas el culito contra la sillita, dormida. Muy lentamente acerco mis labios a tu oreja, tomo el lóbulo como si martirizase un colibrí entre los dientes. Protestas. Te dejo dormir, pero solo un ratito. Empiezo muy, muy bajito, hablando a tu oído, no me importa si aún estás dormida, es mi despertador para ti. Dejo que mi mente navegue por mi disco duro (es lo que tengo más grande y más duro, una memoria bastante descomunal para según qué cosas). Mezclo letanías enlazando trozos de poemas, ideas que leí hace poco, elucubraciones mías sobre futuros entrevistos, pasados escenarios de princesas violadas por guerreros cubiertos de hierro, arcanos tesoros en remotas playas de oro, y me oyes desde lejos y mi voz no te toca, parece que los ojos se te hubieran volado, mariposa de sueño, te pareces a mi alma y me oyes desde lejos y mi voz no te alcanza, quiero que la noche se quede sin ojos, que brillen los dientes de la calavera, puedo ver el duelo de la noche herida, luchando enroscada con el mediodía, pero no me enseñes tu limpio desnudo como un negro cactus abierto en los juncos, cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare al blanco día, nadar sabe mi llama el agua fría, polvo será…ni la costumbre de tu cuerpo aún misteriosa y tácito de niña, serán favor tan grandioso como mirar tu sueño implicado en la vigilia de mis brazos”.

-“¡La leche! ¿Eso lo has escrito tú?”

-“La mayor parte no, solo lo he entrelazado. Cachos de Neruda, Lorca, Quevedo, el imprescindible Borges, etc. Puedo seguir”.

-“Me ha entrado un escalofrío”.

-“¿Eso es bueno o es malo?”

-“Calor y frío, como su propio nombre indica”.

-“¿Tú qué prefieres?”

-“Frio si tengo el calor al lado”.

-“Siempre queréis el jamón, pero sin convivir con el cerdo”.

-“Me gustan según qué cerdadas”.

-“Oriéntame”.

-“¡Vete a la mierda!”

-“Tú sigues pensando en la testosterona y yo pienso en las endorfinas.”

-“Será al revés: los hombres con mucha testosterona no piensan”.

-“Cierto, no hay que pensar mucho cuando huyes a toda leche de un dientes de sable”.

-“¿Y cuando el macho alfa corteja a la gorila sonrosada?”

-“No la corteja, lo siento, la pilla, la pone mirando para Cádiz y ¡zasca! Lo he visto con estos ojitos, estaba a tres metros, muy calladito, no fuera a cabrearse el “espalda plateada” de 160 kilos y me hiciera lo mismo que a la gorila. Los gorilas Berenguey de las Montañas de la Luna, entre Congo, antes Congo Belga, antes Zaire, ahora República Democrática de El Congo y Ruanda (donde los 700.000 muertos tutsis a machetazos por los hutus) y su pequeña tribu, tribu más que manada, son la perfecta metáfora de la sociedad patriarcal que padecemos y sus derivadas en las religiones abrahanicas monoteístas, las más eficaces máquinas de producir cadáveres, sangre, muerte, miseria, de esa historia de la humanidad que se resume en unos cuantos miles de años de vidas “cortas, pobres y brutales”…”.

-“Corta el rollo, se te suelta la pinza”.

-“Vale, señorita Gucci. ¿Cómo te verías con un cántaro de unos 20 kilos en la cabeza, un atado en cada mano, con el coño cosido y el clítoris masacrado con una cuchilla de hechicero kikuyo, caminando a cinco pasos de tu amo y señor, que anda silbando sin nada en las manos, porque llevar algo sería un atentado contra su virilidad? Pues así van millones. Y no digamos esas de la tienda de campaña andante, burkas y demás espantajos, ese alarido insultante contra el cuerpo de una mujer.”

“Y tú dónde estabas, señorito del gabán verde que va a Belgrado por trabajo, ¿a buscar datos para tu famosa Lista Negra tal vez? ¿Quién te pagó la excursión a las Montañas de la Luna? Antropólogo de gin tonic, donjuan de cola de seguridad o de seguridad con la cola. Por cierto, ¿vamos a usar condón?”

-“No sé tú, yo siempre follo a pelo y con la misma”.

-“¡Já y já!”.

-“Además, la mayor parte de las veces follo con el hipotálamo, ese pequeño guisante, más que con la polla. Más que la testosterona, me interesan las endorfinas, la oxitocina y el mencionado guisante que hace muy poco se ha descubierto que maneja las emociones, los sentimientos, las intuiciones, las sensaciones…¿Me sigues?”.

-“Te sigo pero no sé a dónde. Me tienes desconcertada, casi preferiría que me dieras un azote en el culo.”

-“¡Encantado!”

-“Las manitas dónde pueda verlas o grito, te has traído de África una forma sofisticada de machismo sofrito con feminismo fundamentalista que debe ser muy útil para bajar las bragas a unas cuantas bobaliconas de traseros cimbreantes.”

-“No he visto que tu precioso trasero respingón se cimbree”.

-“Cuesta muchas horas de fitness y no está para mirones de aeropuerto. ”

-“¿Se lo das al “arrejuntado”?”

Ella se lo queda mirando un momento, como cabreada, pero hace un gesto y le suelta:

-“¿Te pregunto yo cómo te hace las mamadas tu chavala?”

-“¿Es una pregunta o una promesa?”

-“¡Y una leche!, gilipollas de verde.”

-“¿Cual leche?”

-“La que tiene 120 millones de espermatozoides de promedio, nadando como desesperados. Producís más de medio billón de nadadores a lo largo de la vida y apenas uno o dos hacen su trabajo. ¡Sois un desperdicio bíblico!”

-“La Biblia dice: ‘Dios juzgará a los fornicadores’. También a las fornicadoras.”

-“Deja de invocar a Abrahán y toda su corte monoteísta, a todos los ayatolás supuestamente célibes, al fariseo llamado Pablo de Tarso y sus leyes mosaicas, a la Torá, el Corán y la Biblia en verso, todos interpuestos entre yo y mi coño. Durante miles de años todo eso ha sido un asunto exclusivo de tíos, machos gorileros, espaldas plateadas, Dios Padre omnipotente que premia y castiga. Y la pobre Sara cuyo único pecado es estar buena, tan buena que se la quieren tirar a cualquier precio los príncipes de Egipto, el mismísimo Faraón se la beneficia y encima tiene que decir que es la hermana de Abrahán. ¡Joder! todas somos Sara y durante miles de años nos han ceñido el cuerpo con las apretadas vendas de los que pretenden vanamente controlar su lujuria controlando hasta la vesania a las desdichadas féminas, botín de guerra, carne de pecado, máquinas de parir y amamantar, ganado montado sin pedir permiso por cuatro perras, medio dólar de plata que ni tan siquiera era de plata “En Dios Confiamos” y ahí va “Little Boy” a quemar vivos a 120.000 civiles. Así que menda solita administra su coño y delimita como quiere en cada momento los límites de su fidelidad al “arrejuntao” y vuelvo a él cada noche libre y ligera cual golondrina viajera, sin que lo diga ningún papel ni ninguna promesa y ese es mi homenaje diario al hombre con el que duermo y sueño. Por ahora, porque todo es “por ahora” y no sabemos cuántas veces más veremos la luna llena y no sabemos cuánto dura eso que ahora llaman apego, porque lo del amor es cursi, viejo y desgastado hasta la raíz amarga. Y hago Trading de Alta Frecuencia con sofisticados programas informáticos porque el dinero, que no es macho ni hembra, compra libertades que me son muy queridas y me apuesto estos dos capuchinos a que gano al menos diez veces lo que ganas tú y yo la tengo más larga y te fastidias y encima te quedas sin follar.”

-“¡Jopelines! Eso último sí que no me lo esperaba.”

-“Y te aviso, supuesto seductor de jovencitas, que luchas contra la pitopausia exhibiendo las plumas que coloreas en Internet con tus arcos iris narcisistas, que tenéis una impagable deuda kármica con todas las hembras de este mundo y de otros mundos incluso, que vuestro prolongado reinado ha sido un aullido interminable de sangre, dolor y muerte. Ya es hora, la tecnología no ha igualado al fin, estáis perdidos, tu jefa será una mujer, tu mujer te dirá lo que tienes que ponerte y como la tienes que follar para que le guste. Nos toca a nosotras, querido.”

-“¡Arriba parias de la tierra, en pie las esclavas sin pan!… Me apunto. Mi parte de mujer, que es mucha, tal vez la mejor, presiente hace mucho tiempo que las estrellas van a arder con fulgor de hembra humillada y ofendida, pero no para desquites imposibles sino para alumbrar un nuevo horizonte en el que la empatía y la solidaria palabra sea la bandera sin redobles de tambor. Gozosamente me uno a estas filas cerradas.”

-“Escucha seductor: el hombre que más que ha seducido no lo pretendía, solo venía cada noche a mi cama a arroparme, contarme un pequeño cuento que se inventaba cada día -lo juro- y darme en la frente un beso de buenas noches. Dios mío, ¡cuánto echo de menos a mi padre! Si algún hombre pudiera aproximarse siquiera sea lejanamente a su mano en mi frente, a su infinita ternura sin contrapartida, me quedaría a su sombra para siempre jamás y un ratito aún y todavía”.

-“Velando la gacela sin cuerpo del bello hermoso Wall Whitman, oscuro barro o polvo. “Duerme, no queda nada”. Es fácil amar o creer amar la belleza de un cuerpo, la gracia de un gesto fugaz, pero no hay nada más fugaz que la tersura de una piel. Perdóname que cite a Yeats: “solo un hombre amó en ti tu alma peregrina y amó la tristeza de tu cara en el paso del tiempo”.

-“Pero dejemos las hojas de hierba, yo también he leído algún libro y volvamos a la Terminal 4, a ver si vamos a perder nuestros aviones, tu a Bucarest y yo a Zúrich, a buscarnos la vida trapicheando algoritmos y esta noche, cada uno en su camita de lujoso hotel, entonemos las cuatro esquinitas y, muy solitos, se nos escape una sonrisa recordando el loco soliloquio a dos voces de esta tarde, “mon senblable, mon frère”.

-“¿Puedo saber tu nombre, peregrina?”

-“Mi nombre es Ninguno”.

-“Eso es muy viejo, amor Terminal 4, mi nombre es Godofredo y lo encontrarás en San Google si añades Black List o World-Check List o algo así. Y allí me encontrarás, triste pero enamorado”.

-“Enamorado, ¿de quién?”.

-“Del viento que pasó por una terminal de aeropuerto, Café de París, entre dos vuelos, entre dos destinos, entre dos camas separadas que esperan en la oscuridad”.

-“Si me dices la palabra justa, mando a paseo a los gnomos suizos”.

-“Belgrado contigo será Venecia”.

-“No acertaste, esa no es la palabra”.

-¿”Tengo otro intento?”

-“Como en los concursos de televisión, tienes dos intentos más”.

-“Quiero que la mujer que hay en mí se mire reflejada en el espejo del hombre que hay en ti”.

-“Te vas acercando”.

-“¿Dónde quieres cenar esta noche?”

-“En Eolo, de Amalfi, en la mesa de la esquina de la terraza, Spaguetti Nero di Sepia con una botella de Cantine Marisa Cuomo, bianco. Luego dormimos en Santa Caterina, que te den la suite 97. ”

-“¿Sólo dormir?”

-“Si consigues todo eso caeré en tus brazos”.

-“Está jodido. Pillar dos billetes para Nápoles está chungo, pero se puede. El Eolo debe tener completo en semanas en la zona de la terraza, pero las propinas desmesuradas hacen maravillas en Italia. No conozco el Santa Caterina, pero deduzco que ya has probado la suite 97.”

-“Deduces bien. ¿No es un poco pronto para estar celoso?”.

-“Los celos son un arcano para mí, como la música del teutón que llaman Wagner, que dijo el Marqués de Bradomin.”

-“Vamos a los práctico. ¿Cómo estás de idiomas?”

-“Lo normal: hablo bastante bien cuatro y chapurreo otros tres. El italiano, como la Casta Diva”.

-“¿Y de numerario? Porque la suite del Santa Caterina da calambre”.

-“Nos quedamos hasta que te aburras. Tengo un pequeño botín en Islas Vírgenes, todo legal y disponible”.

-“¿Y tenían que ser vírgenes las islas tratándose de ti? Yo soy mucho más prosaica y lo tengo en Delawer, pero yo no diría que es pequeño”.

-“¿Y cuando te aburras?”

-“No pienso aburrirme. De ahí cambiamos de aires y no vamos a Dead Vlei, en Namibia, a ver las estatuas de árboles y hacer el cabra por las dunas rojas, las más altas del mundo, con el Land Cruiser, los pecios de barcos siempre me han fascinado y ahí está la Costa de los Esqueletos, justo cuando el monzón arrima la densa niebla a la escarpada costa y el rio empieza a trazar el Delta del Okavango. En el delta nos alojamos en el Eagle Island Lodge, a 1.300 machacantes la noche, la más barata. Y ¿no me harás quedarme en la más barata, verdad?De ahí al desierto blanco de Egipto, ahora que no hay turistas, yo organizo subir hasta Libia por la ruta de la sal, con protección  privada, chamullo al árabe coloquial. Y un paseo en globo por encima de “oasis filiforme” y el increíble atardecer rojo sangre reflejándose en la vela de la faluca, mientras que las aguas crecidas del padre de todos los ríos discurren lentas… Para el otoño, querido, hay que pasarse por el Templo Daigoji, el edificio más antiguo de Kioto, justo en la Ceremonia de las Diez Mil Luces. ¿Mola?”

-“¿Y si montamos una agencia de viajes?”

-“¿Te parezco muy pija?”

-“Noooooooo!”

-“El nomadismo es una de mis principales pasiones”.

-“¿Y las otras?”

-“La belleza, que es el pórtico del conocimiento”.

-¿”También carnal?”

-“Me interesa todo lo que hay en torno al sexo, como lo que al parecer existe en los bordes de los agujeros negros de las galaxias, allí pueden estar algunas claves del universo según Stephen Hawking. Según el genio, la información no desaparece en los agujeros negros, sino que quedaría en el límite de éste, que se conoce como “horizonte de sucesos o eventos”. Allí estaría el portal hacia otros universos, el santo grial de la física moderna. Tal vez pase algo parecido con el sexo, que es un resto arcaico de unas necesidades humanas que ya no existen. En torno a él pudiera haber pistas para entender qué hacemos aquí. Pero el acto sexual en sí está muy sobrevalorado, ese estornudo, ese espasmo, como decía el emperador Adriano”.

-“Vale, dejemos el agujero negro. Aparte de geografía y al parecer algo de física cuántica (por cierto el gato de Schrödinger, que está al mismo tiempo vivo y muerto, me parece una metáfora casi perfecta de eso que llaman amor) ¿qué otra cosa vamos a aprender?”

-“Por ejemplo, montamos una web gratuita y sin publicidad ni patrocinios, como la que tienen los millonarios australianos con www.aeon.com, para tener el enorme privilegio de hablar con las mentes más lúcidas del planeta”.

-“¿Para cambiar el mundo?”

-“Para empezar a cambiarnos a nosotros mismos, estoy un poco cansada de la chica del espejo por las mañanas”.

-“Yo no me he cansado todavía, me parece bastante preciosa. Y hablando de todo un poco, ¿vamos a tener hijos?”

-“Ni de coña, pídeme lo que quieras, pero no que contribuya a la superpoblación mundial, al calentamiento, a la contaminación y todo eso. No me lo pide el cuerpo para nada, ni ahora ni nunca. Otra superestructura puramente inercial. El océano sigue produciendo un estallido de billones de huevecillos fosforescentes justo antes de que las estrellas comiencen a apagarse. Eso sí, no descarto adoptar una niña”.

-“Acepto pulpo y niña. Solo te pido escuchar contigo la respiración de la lluvia, que me dejes ver las formas de tu tristeza cuando ‘miras el mar como miras el centro de un espejo difícil’.

-“Pides mucho. No te prometo nada”.

-“¿Y el “arrejuntao”?”

-“Tampoco le prometí nada, nada de nada y lo sabe. ¿Tampoco le prometiste nada a la “juntá”?”

-“Sí le prometí. Le prometí mirarla a los ojos y decirla: lo siento, me apeo en la próxima”.

-“¿Qué fácil, no? ¿Se lo dirás por Skype? ”

-“Se lo diré justo antes de tocarte, justo antes de extender mi mano hacia a ti, a riesgo de que no la cojas. ”

-“¿Qué encontraré si la extiendo? ”

-“Un domaine oú l’amour será roi, oú l’amour será loi, oú tu seras reine”

-“Eso, y yo te ofreceré perlas de lluvia venidas del país en el que nunca llueve. Vale Jacques Brel, es tal vez la canción de amor más embriagante jamás escrita, pero yo prefiero “La Canción de los Viejos Amantes. Y ahora, ¿podemos dejar de hablar con citas, fluctuando entre pijos y pedantes? ¿No habíamos quedado en que no creíamos en el amor? ”

-“No creemos, pero eso no impide que en los recónditos recovecos de la Caja Negra de cada pareja que alza el vuelo esforzado y doloroso hacia alguna estrella, entre peleas y desencuentros, una noche sentados en el porche oigamos el viento que viene del desierto y el lejano ladrido de unos perros. Y sin decir nada, sin que te des cuenta, te miraré…y ¡Ay Dios! Amos Oz, te cambio mi cuchillo por tu manta. ”

-“Yo también quiero un porche bajo los luceros incansables. Y una casa junto a un acantilado y una playa desierta en las que rían las gaviotas. Encima justo de la cama mandaremos construir una claraboya gigante y veremos tumbados como repiquetea la lluvia y se abate el cierzo. Enfrente, un gran fuego encendido. La casa se llamará “La Nieve del Almirante” en honor de Álvaro Mutis. Y en el pasillo estará recuadrado este aviso: “Las mujeres no mienten jamás. De los más secretos repliegues de su cuerpo mana siempre la verdad.

Sucede que nos ha sido dado descifrarla con parquedad implacable. Hay muchos que nunca lo consiguen y mueren en la ceguera sin salida de sus sentidos.”

-“Me vale Mutis, pero déjame que yo aporte dos o tres mil libros, libros físicos, ¿vale? Con sus lomos alineados en perfecto orden caótico entre altas estanterías, para que el fantasma del bibliotecario ciego fatigue sin rumbo los pasillos. Y una gran mesa de roble para invitar a cenar a algún famosillo tipo Musk, Zuckerberg, Kurzweil… y también al viejo pescador que vive en el lanchón varado en el rio. Y unos cómodos sillones frente a la chimenea para charlar hasta el amanecer. Ah! Y otra cosa importante, un olivo en la huerta, un limonero y una gran higuera, como la que tenía mi abuelo para tomarse el postre directamente del árbol.”

-“Y comeremos perdices.”

-“Siento decepcionarte, pero no me van los menús de perdiz, todo lo más te prepararé yo mismo un par de ellas escabechadas una noche tonta. Y tampoco seremos felices, no en el sentido siempre evanescente de esa gastada y vacía palabra. Simplemente seremos, buscaremos nuestro lugar infatigables y justo antes del amanecer reacomodarás tu culito contra mí y esperaremos serenos que pase mucho tiempo.”

-“No me decepcionas, no todavía, pero necesito una conexión de banda ancha superior a 100 Mbits/s con velocidades simétricas.”

-“¿Para buscar en Internet la receta de las perdices escabechadas?”

-“No mi querido cocinero. Además de restregarte el culito, curiosearé un poco en torno a lo que maquinan los poderosos a ver si puedo jamarme algún tres.”

-“¿Me lo explicas, corazón?”

-“Creo que sabes bastante de esto y te haces lo que no eres. ¿Te suenan las CDO?”

-“Me suenan. Me resuenan, me retumban. Ya trabajaba en Thomson Reuters en agosto de 2007. No nos fuimos de vacaciones ese año. A poco pierdo el empleo. ¡Me cago en las Obligaciones Colateralizadas por Deuda! ¡Hijos de Wall Street y de una ramera codiciosa!¡No tenían bastante con sus bonusy sus planes de pensiones multimillonarios! Tu eres un pobre matado en el paro o con empleo de dar la vuelta a la hamburguesa, te ofrezco una hipoteca para que compres tu casa, ¡que buenos somos!, ya sé que no puedes pagarla, es basura, pero la convierto en un título global negociable y la meto en el circuito financiero con el aval triple AAA de los amables chicos de Standar & Poor’s y demás escualos. Así hasta más o menos un billón, un millón de millones de dólares, “En Dios Confiamos”. No debían haber confiado. Las burbujas financieras, dentro, por el calor. Le toca el marrón a Bush hijo, el ex alcohólico santurrón que demuestra que cualquiera puede ser presidente de los EEUU, como dijo De Gaulle. Para solucionarlo llama a uno de los principales trileros de las finanzas chungas, el honorable Henry Paulson, que acaba de dejar la presidencia ejecutiva de Golman Sachs con un cheque de 37 millones. ¿Crisis financiera global, las bolsas se hunden, gigantes de las finanzas quiebran, la gente se arruina en masa desde el Golden Gate hasta Hong Kong y vuelta al globo? No viene a buscarme el FBI, sino la limusina presidencial, que le ruega, nadie mejor que él para diseñar un plan de rescate, por favor, por favor, que acepte el cargo de Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, al fin y al cabo los tres anteriores presidentes de Golman también lo han sido. Y lo hace, es fácil, 700.000 millones de dólares de dinero público, el mayor paquete de la historia, para socializar las pérdidas privadas. En primero votación el Senado lo rechaza indignado, pero entonces le enseñan el puñal oculto bajo la seda y se aprueba, ¡faltaba más! Tampoco el Parlamento griego puede rechazar el plan de rescate de la troica con la gente haciendo cola ante los bancos.”

-“Hummm, lo que sospechaba. Tú tampoco te has creído que hay puertas giratorias, no hay puertas realmente, todo es una finca privada, ni tan siquiera hay una conspiración, no hay clubs esotéricos de amos del mundo. La finca se llama hipercapitalismo. Produce hiperricos y ahora algunos de esos también quieren salvar el mundo, la tecnología les está proporcionando los cinco dados cargados de los pequeños dioses.

Mira esta nueva sigla: GAMAF, Google, Apple, Microsoft, Amazon, Facebook. ¡Si pudiéramos trucar algún ordenador para saltar en el tiempo! Compramos mil dólares de nada en acciones de Amazon al precio de su salida a bolsa en 1997 y nos llevamos a casa 44 millones ahora, en agosto de 2016. No importa que Amazon haya perdido pasta a espuertas durante 17 años, misterios del capitalismo financiero. Bezos es la tercera fortuna del planeta con 65.000 millones de dólares sólo en acciones de Amazon.

¿Te importa si pillo algunas migajas, algunos céntimos, con algunas píldoras muy modestas de sus propias medicinas?”

-“¡Te adoro, te aplaudo, te venero, te voy a echar un polvo que te voy a poner los ojos en blanco!”

-“Menos muerdos, mi lobo. Ya veo que practicamos parecida religión, pero no basta. Antes debes pasar algunas pruebas, como en los cuentos que me contaba mi padre. Prométeme que no me prometerás nada, que no habrá mentiras, penas ni olvido. No quiero ni me otorgo. Ten mi mano en la tuya sin decir nada.”

-“¿Y nunca, nunca, discutiremos, nos pelearemos con saña y esas cosas?”

-“Tampoco aciertas, mi amante de la claraboya en el techo. Decía Unamuno que el mejor modo de conocerse es “chocar, entraña contra entraña, es decir, roca contra roca, contra un semejante.”“Mon senblabe, mon frére”.

-“¿Y si de tanto entrechocar, alguna roca se rompe?”

-“Siempre te quedará Tinder.”

-“¡Carajo! Si te hubiera conocido por Tinder, seguramente no habría girado a la derecha mi pulgar, otra chica mona más con pinta de ejecuta nadando en el océano más grande del planeta, el Mar de la Soledad. No habría pillado tu descaro y tu desafío. Ni la forma que tienes de alzar la barbilla cuando me replicas con tu navaja cabritera. Pero respeto Tinder y a quienes lo utilizan, 26 millones de citas cada día en 196 países no son una chorradas, son un fenómeno sociológico de primera magnitud, tal vez uno de esos que parece anecdótico y frívolo y resulta que cambian algo en el devenir de la humanidad. Verás, trabajo también en análisis de Big Data y Tinder es un filón del que apenas asoma la punta de un iceberg muy caliente. La sufrida humanidad, cariño, se ha ayuntado y copulado de manera muy simple y brutal en el último millón de años, por poner una fecha. Con eso de Tinder me has mentado una bicha, ahora tendrás que aguantarme kilo y medio de pedantería al respecto. Si te aburres, desconecta.”

-“Debo reconocer una cosa, tu no me aburres, al menos por ahora. Eso tienes ganado, que no es poco.”

Por primera vez, ella se acerca mucho a él, cara a cara en centímetros, sonríe y acerca su boca entreabierta.

-“No me lo perdería por nada en el mundo.”

-“Veras, este cuento empieza hace bastante, más o menos 3.500 millones de años, con una bacteria que se divide en dos en una charca primigenia de África, luego se asocia con otras para formar células. Pon un poco de azar, un mucho de necesidad y una lucha inaudita por la supervivencia y el resultado, por ahora, es esa chica preciosa a la que estoy a punto de besar. Pero barrunto que entre la célula eucariota y tus labios hay una prodigiosa transformación que está tan solo en una fase de transición hacia algo aún mucho más distante que regresará hacia las estrellas.”

-“Hummm, casi veo estrellitas, pero te recuerdo que los labios de una chica, como el gato de Schröedinger, pueden estar a dos centímetros y a varios años luz de distancia al mismo tiempo. ¡Toma física cuántica!”

Él le tira un beso a medio milímetro de su boca, sonríe y se aparta.

-“Ahora vamos a dar un pequeño salto de 3.500 millones de años, más o menos. Hasta el siglo XVIII en el que Occidente se inventa el amor romántico. Con extraordinario éxito de crítica y público. A la sociedad de consumo que surge a continuación le viene de perlas, empezaba a ser difícil vender el matrimonio indisoluble para criar hijos en un mundo superpoblado, contaminado y atribulado. Los medios de comunicación y entretenimiento se lanzan en tromba sobre este horizonte de nubes y sueños. En un mundo rabiosamente patriarcal las heroínas se tiran al tren como Karenina o se tiran lo que pueden como Bovary. Primero, matrimonio para toda la vida, como ha sido siempre. ¿O no? Luego, cuando la gente se percata de que le han vendido el alto vuelo de los gavilanes pero en realidad tienen un saltito con graznido gallináceo, sin darse cuenta de que no han tenido en realidad ninguna oportunidad, no tienen las cartas necesarias para intentar este caro juego, entonces, se inventa el divorcio. O sea, monogamias sucesivas. ¡Corre conejo! Más bodas, más casas, más lavadoras. Y los hijos, ¡cómo no! Pero ahora no por imperativo divino, ni por conveniencia para labrar las tierras, sino por supuesto consumo vital. ¡Un matrimonio sin hijos, una pareja sin descendencia! ¡Pobrecitos! ¡Corre conejo! No mires a los lados, no te percates de la estafa. Siempre uno de los dos se sacrifica, casi siempre es la mujer, claro. Los hijos, engendrados atolondradamente, hiperprotegidos, consentidos, necesitan hermanos mayores, no importa, los mandamos a algún programa de la tele. Te vendo expectativas muy elevadas y muy poco realistas y exploto tu frustración y tu desengaño para venderte antidepresivos, ansiolíticos y psicólogos. Y entonces llega Tinder.”

-“¿No exageras un poquito, mi amor? También hay gente que planta mil árboles o escribe cien libros.”

-“Tinder es sólo un elocuente exponente de las cosas y los tiempos. De cierta forma, explota y abusa del ideal romántico, el bello azar, la media naranja, ¡la media hostia! Follar en muy fácil, te sientes Dios, es gratis, un gesto con el pulgar, a la derecha, me gustas. Hasta ahora, Tinder ha propiciado 20.000 millones de conexiones. No sabemos cuántos miles de millones de polvos. ‘Hemos acabado con el estigma que tenía usar una app para ligar’, dice su consejero delegado, el emperador de los alcahuetes. Tienes una tarde tonta, coges el móvil y tienes 1.400 millones de citas potenciales cada día. Si no follas un par de horas más tarde es que eres Cuasimodo.”

-“¿La has usado?”

-“La he experimentado, claro”. ¿Conoces el Informe Tyson, de la Universidad Queen Mary de Londres?”

-“No hemos sido presentados.”

-“Muy interesante. Está naciendo una nueva sociología del sexo digital, que evoluciona a una velocidad de vértigo. Ellos tienen poco éxito, solo logran coincidencias en el 0,6% de los intentos, así que lo intentan en masa, no importa demasiado el aspecto de la chica, más de 200 intentos por sesión, forzamos la estrategia, alguna picará. Ellos logran coincidencias con una tasa bastante alta, el 10,5% de intentos. Ellos añaden muy pocos mensajes, solo el 7% mandan 12 caracteres de media, muchos no llegan a 6 caracteres. ¿Qué se puede decir en 6 caracteres? ¿’Follas, corazón’? Ellas mandan una media de 122 caracteres, nada que ver. Quieren información, dan información. Si ellos tienen publicada una pequeña biografía, sus posibilidades de coincidencias se cuadriplica. Pero pocos lo hacen. Ellas piden información porque mayoritariamente buscan compañeros, camaradas. Ellos mayoritariamente buscan carne fresca.”

-“¿Un triste balance, no crees? Pero si por primera vez en la historia de la humanidad tenemos el sexo gratis a golpe de pulgar, sin límites, satisfacción inmediata, lo pides y lo tienes como con la lámpara de Aladino, pero no tres deseos, infinitos, niños encerrados con un solo juguete, en mil formas, sin esfuerzo, sin cortejo, entonces, ¿qué vale lo que tan poco cuesta? ¿Qué infierno esconde ese paraíso? Y muchas cosas más, no es una cuestión baladí ni frívola. Estamos creando una nueva desigualdad radical. Por un lado, algunos miles de millones con su móvil y su pulgar, casi todos en Occidente. Y otros cientos de miles de jóvenes con la testosterona saliéndoles de las órbitas que no han visto ni el tobillo de su hermana y cien latigazos si te pillan dándole la mano a la vecina. ¡Qué desigualdad  más insana y peligrosa! Y las huríes del paraíso esperándoles propicias y siempre vírgenes, pero al otro lado del “martirio”. ¿Conoces la anécdota atribuida al trigésimo Presidente de los Estados Unidos Calvin Coolidge y a su esposa Grace?”

-“No hemos sido presentados.”

-“Estaban visitando una granja de pollos, por separados. Ella llegó a la zona de apareamiento y observó la fogosidad del gallo. Preguntó: ‘¿copula una vez al día?’ ‘O no, señora, varias veces al día’. ‘Por favor, dígaselo al Presidente cuando pase por aquí’. Llegó Coolidge y le informaron del asunto. Se quedó pensativo y preguntó a su vez: ‘¿es siempre con la misma gallina?’ Oh, no señor Presidente, cada vez con distinta gallina’. ‘¿Me hará usted el favor de informar a la señora Presidente de este extremo?’, concluyó Calvin.”

-“¡Mil pares de gallinas y babuinos salidos! Mis Grace debió quedarse un tanto cortada. Yo tengo muy claro que si tengo la gallina adecuada no me voy a molestar en ir montando gallinas, ¡vaya perdida de energía y tiempo! Yo en tal caso monto gallinas buscando La Gallina.”

-“Eureka, Eureka! Se me acaba de ocurrir una idea genial. Si las chicas quieren información, démosle información. Te propongo crear una Start-Up al 50%, una app llamada Polvo Advisor o algo así. ¿No hay Travel Advisor, Wine Advisor y no sé cuántos Advisor más creciendo como setas? Nos limitaremos inicialmente a las personas que están inscritos en Tinder, ¿por qué no pueden ser calificados por sus parteners? Un pequeño comentario y una clasificación de cero a cinco estrellas. Luego hacemos ranking por países, por sexos, por especialidades. ¡Va a ser la hostia! Por de pronto, voy a pasarlo chachi calificando a mis amantes.”

-“¿Va a ser un curro grande, no? Pero me gusta, me gusta mucho. Es transgresor, ya tienes socio. Me imagino los comentarios: “Solo su mente es más corta que su polla” o “Se presentaba como chica liberada y no le cabía el bigote de una gamba.”

-“¡Va a ser el copón, un best-seller sin precedentes, nos vamos a forrar! Me imagino otro comentario: “Es generoso, culto, detallista, buen amante…no sé qué cojones hago comentándolo aquí y no callándome como una puta y quedándomelo para mí.”

Él se pone a aplaudir con entusiasmo.

-“¡Genial, otro, otro! Por ejemplo. “¡Hemos tenido cuatro meses de convivencia y todavía no sé si es hombre, mujer o viceversa o las dos cosas a la vez, pero lo he pasado fantástico!”

Ella aplaude ahora.

-“¡Más, más! Ahora me toca a mí. “Le conocí en un aeropuerto, charlamos largamente. Era culto, inteligente, interesante. Me destrozó el corazón”. Cinco estrellas.”

-“Vale, matahari, creo que tienes el corazón tan blindado como tu cuenta en Delawer.”

Ella se pone de repente seria.

-“A diferencia de mi cuenta, no tiene clave ni fiduciario. Se abre con el aleteo de una mariposa, sin palabras, cuando siente una mano en lo más oscuro de la oscuridad.”

Él también se pone serio, se echa hacia atrás en el sillón y se queda en silencio.

-“Habíamos quedado en que ninguno de los dos cree en el amor. Desde luego, yo no me he enamorado nunca, vana ilusión sin porvenir, cuento de beatas y falsarios programas de tele. Te prometo no enamorarme de ti y seguro que me puedes jurar lo mismo. He querido a algunas personas, no muchas y casi todas eran de mi mismo sexo. Más que gustarme, me fascinan las mujeres. Asumo ser un necio, un pedante, un torrente de ego, si con eso accedo al dintel de una mujer inteligente. Y tú lo eres. No es un cumplido, lo eres y punto. Tampoco basta con serlo, ni mucho menos. Hace falta un valor suicida para pasar el umbral de mi casa. Sabes de antemano que te decepcionaré.”

-“No quieras seducirme con tus defectos. Demasiado profesional. O te cuento los míos y vas a alucinar. Juro no jurarte nunca que te quiero. Tendrás que arriesgarte conmigo, camarada.”

-“El único riesgo que veo es que salgas y te embarques en otra puerta distinta que la mía, que te pierda antes de haberte encontrado, que seas un fantasma de una mujer en un aeropuerto y el resto de mi vida persiga ese fantasma. Un final horrendo.”

Ella se pone de pie. Alarga una mano hacia él.

-“Ya sé lo que vamos a hacer, camarada, lo acabo de entender.”

-“Estoy temblando.”

-“Te propongo un desafío.”

-“Me gustan los desafíos.”

-“Podemos encontrarnos en este mismo sitio a esta misma hora justo un año más tarde. No te prometo que acudiré. No me prometas que lo harás. Si estamos los dos…”

-“NO ME HAGAS ESTO. ¿Qué sentido tiene? ¿Qué buscas?”

-“Busco información, información en profundidad, eso que solo lo da el tiempo. Información también sobre mí misma. El amor en la era de Tinder, el mundo digital de la satisfacción inmediata.

A lo mejor en esta nueva etapa de la humanidad, más transformadora que lo que supuso andar erguidos sobre dos pies o el descubrimiento del fuego, el santo grial sea una mezcla de vinilo y streaming, de lo superficial, banal, inmediato, amalgamado con lo más profundo, lo más estable, lo que en verdad permanece. Busco mirarme en el espejo cóncavo de un hombre nómada. No es fácil, ya lo sé, pero desconfío de todo lo fácil.”

Él se pone de pie y alarga una mano, suplicante, sin llegar a tocarla.

-“Te prometo, te juro, te escribo con mi sangre que estaré aquí, sin falta, el 7 de agosto de 2017, en el Café de París, en esta terminal de mierda. ¡Jódete! Si no estás, me iré una hora más tarde y no te buscaré, ¡maldita cabrona! No te buscaré, y NO me olvidaré de ti.

Por cierto,¿cómo te llamas?”

-“Paula.”

-“Paula, No Sé Qué Más, ni quiero saberlo. No te escribiré, no sabrás nada de mí en este año, borraré mi WhatsApp, borraré mis huellas, me despediré de todos y de todas y el 6 de agosto del año que viene empezaré una cuenta atrás. No te he tocado. Dime al menos que te ha parecido este polvo sin contacto, qué me pones en tu Advisor.”

-“9,9 sobre 10, camarada. Cinco estrellas y media. El mejor de mi vida.”

Los dos cogen sus maletas y se van alejando sin dejar de estirar un brazo hacia el otro, la mano tendida. Se oye el sonido de las ruedas del equipaje mientras se apagan las luces lentamente. Suena la música de “La chanson des viuex amants” de Jacques Brel…

(Ayamonte, agosto de 2016)

MIGUEL ORMAETXEA
signature

No hay comentarios

¿Qué hago ahora?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *