No hay nadie a los mandos

Miguel Ormaetxea ArroyoLa economía globalizada y, especialmente, la economía financiera, es una gran locomotora que nos arrastra tras de sí a todos. Y no hay nadie a los mandos.

Es un fenómeno muy nuevo, apenas tiene un par de décadas, pero en lo últimos años se está acelerando exponencialmente, pasando por encima de gobiernos y fronteras, creando un mágma poderoso e imprevisible, carente de verdadera regulación supranacional, que está conculcando la esfera política. Esa es una de las razones medulares de la creciente influencia de la economía en la política, el protagonismo de los datos y de las cifras de coyuntura para juzgar la bondad y la eficacia de los gobiernos, que podemos observar día a día en los medios de comunicación. Es mucho más que una moda. Se trata de una tendencia de fondo mal explorada que bien merece un apunte para la reflexión.

El 19 de octubre de 1987 era lunes. Va ser conocido como el famoso «lunes negro» de Wall Street Ese día el índice Dow Jones se desplomó el 22,6%, el doble del porcentaje de caída que en el mes de octubre de 1929, que dio lugar a la gran depresión, sumiendo al mundo en uno de lo más negros periodos de su historia. Como por ensalmo y a velocidad de vértigo, el movimiento de pánico contagió a todas las bolsas del mundo sin excepción. A fin les de ese año, el temor estaba lejos de haberse disipado, pues las mermas de capitalizaciones bursátiles eran del 37% en Frankfurt, del 30% en Paris, del 32% en Milán, etc. El mundo quedó sobrecogido por el impresionante mimetismo y la interrelación de los mercados financieros. Se auguraron largos años de procelosa oscuridad en los mercados, pero una vez pasado el estallido de la burbuja, las aguas volvieron a su cauce habitual con una relativa prontitud. El índice Dow Jones cerró el «lunes negro» a 1.740 puntos. En estos días de principios de abril se está moviendo en tomo a los 6.600 puntos, no sin antes darnos algunos sustos adicionales, a los que cada día estamos más acostumbrados, algo que ni los más optimistas podrían haber augurado hace más de nueve años. En ese tiempo transcurrido, la comunidad internacional ha aprendido algo sobre la globalización de la economía, pero todo indica que aún estamos al principio de un proceso.

El famoso informe Brady, que analizó las causas del crack de Nueva York del 87 concluía diciendo: «Los mercados norteamericanos e internacionales se han convertido ya en un único mercado, donde 300.000 terminales de ordenador funcionan permanentemente». En estas pantallas está depositado, en estos momentos, una enorme parcela del poder mundial ajena en buena medida a cualquier regulación nacional.

En el proceso de globalización de la economía, la esfera financiera va muy por delante de todo lo demás, es la vanguardia por derecho propio. Veamos algunas macrocifras. En primer lugar, están las transacciones en divisas, que se han disparado hacia la estratofera y circulan con extraordinario dinamismo y libertad por las venas siempre abiertas y expeditas del sistema financiero mundial. El nivel al que han llegado ilustra los cada vez más inútiles esfuerzos de los bancos centrales, incluso todos los más poderosos se han puesto de acuerdo, para dominar las tendencias del mercado. Según las últimas cifras disponibles, se intercambian cada día 1,3 billones de dólares en divisas, cuando las reservas de todos los bancos centrales ascienden a 1,4 billones de dólares. Quiere decir que el sistema realiza operaciones por valor equivalente a casi tres veces el Producto Interior Bruto realizado en España en un año. Pero no se trata tan sólo de los volúmenes, sino muy especialmente de u impresionante progresión. Cuando se hizo el primer estudio mundial sobre los mercados de divisas, relativo a 1989, el volumen diario era de 590 millones de dólares. Dentro de poco cualquier esfuerzo concertado de los gobiernos para controlar las divisas interviniendo en los mercados serán irrisorios.

En 1990, el “Wall Street Joumal» decía en un editorial: «La Reserva Federal ha perdido gran parte de su control sobre los tipos de interés. Su poder se desvanece poco a poco y Estados Unidos pierde el control sobre el destino de su economía. Los inversores extranjeros dictan sus condiciones». Si eso le pasa a la economía más poderosa del mundo …

También los alemanes aprendieron la lección a su costa cuando en 1989 decretaron la aplicación de un impuesto especial. Una retención en origen del 10% en el pago de intereses a fin de controlar u flujo financiero. Comprobaron con estupor como en unos cuantos días 100.000 millones de marcos se desvanecían de lo bancos alemanes y pasaban en su mayor parte a Luxemburgo.

El pasado 8 de abril Estados Unidos hacia públicas sus condiciones para firmar un acuerdo mundial para la liberalización de los servicios financieros en el seno de la Organización Mundial de Comercio. Se trata de lograr un acuerdo mundial entre al menos 50 países principales antes del 31 de diciembre de este año. Si se logra, los flujos financieros serán aún más libres e incontrolables. El acuerdo afectarla es inicialmente a la banca y los seguros. Las primas de las aseguradoras mundiales totalizan unos dos billones de dólares al año. La capitalización bursátil mundial, incluyendo las obligaciones cotizadas, está en tomo a los 20 billones de dólares, según la OMC. Estos capítulos, traducidos a pesetas, ascienden a la bonita suma de 3.200 billones. ¿Quién los controla?

El catedrático de Estructura Económica José B. Terceiro, en su libro sobre la sociedad digital, afirma: «Las fuerzas del mercado están minando la autoridad de los gobiernos. La política económica que un político cree mejor para su país puede ser invalidada por las fuerzas de los mercados internacionales y, especialmente, en los mercados globales de capitales, en los que el dinero se mueve instantáneamente. La fuerza del mercado supera con mucho las posibilidades de manipulación e intervención de los bancos centrales, que asisten impotente a los vendavales monetarios sin poder hacer nada por remediarlo».

Además están fenómenos muy nuevos, como el dinero electrónico, dinero E o ciberdinero. Estamos sólo ante los primeros balbuceos de un mundo nuevo, ya que los intercambios a través de Internet (con más de 35 millones de usuarios en el mundo) está a penas a sus comienzos, pero amenaza con crecer de manera exponencial. Terceiro predice en su libro: «Con la generalización del dinero E, éste podrá desplazarse dentro y fuera de los países a la velocidad de la luz sin dejar rastro alguno, con lo que la posibilidad de control y fiscalidad por parte de los diferentes estados se debilitará hasta el extremo de llegar a una separación de la economía y el Estado».

También en la llamada economía productiva, el fenómeno de la globalización presenta aspectos elocuentes. En la industria del automóvil había no hace mucho tiempo 40 o 50 marcas en Europa. En muy pocos años han desaparecido una docena y otras muchas han perdido su independencia. los expertos coinciden en augurar que, como mucho, quedarán tres o cuatro marcas en Europa. En EEUU había unas mil marcas en los años treinta y ahora hay tres.

Si tomamos la industria del automóvil, podemos comprobar como en 1982 trece empresas se repartían el 80 % de la cifra mundial de facturación del sector, cinco años más tarde se habían reducido a seis y no parece haber espacio para más de tres o cuatro grandes grupos.

El concepto de nacionalidad está desapareciendo de facto, en una gran parte de la economía productiva, especialmente en la más dinámica. ¿Cual es la nacionalidad de Visa Internacional? Es propiedad de 21.000 instituciones financieras de 87 países y factura nada menos que 600 millones de dólares diarios.

Las llamadas deslocalizaciones son otro aspecto del proceso de globalización cada vez más de actualidad en los medios de comunicación, que tienden a escandalizarse cuando una empresa nacional anuncia que transfiere una parte de su producción al extranjero. O cuando una multinacional echa el cierre a una fábrica en un país industrializado para abrir a continuación en una nación con salarios drásticarnnete más bajos. Swissair fue una de las primeras en llevarse sus servicios informáticos y su contabilidad de Suiza a la India. Bull también tiene servicios que se llevan a cabo en la India. Filipinas es otra meca de los trabajo informáticos, lo que no debe sorprender a nadie teniendo en cuenta que un programador cobra cinco veces menos que su colega francés y que las cargas sociales en Manila son un 10% del salario. Entre el primero y el Tercer Mundo las diferencias entre salarios y cargas sociales pueden ser de más del 400%.

¿Condiciona este proceso de globalización las políticas de los distintos gobiernos? Rotundamente sí y no sólo las políticas económicas sino también las medidas de todo tipo. Los mercados sancionan toda política no convergente y coherente con una nueva ortodoxia que se está configurando de manera relativamente espontánea y que responde a una lógica esencialmente mercantilista, como no podfa ser de otra manera. Una peligrosa forma de pensamiente único. En este sentido, la globalización provoca crispaciones de identidad que desatan, a su vez, reacciones que pueden llegar a ser patológicas, de tipo nacionalista y localista. La importancia creciente de la economía sobre la vida política es otro síntoma de este estado de cosas. as coosecuencias de todo ello, los efectos a medio plazo y las derivas de fondo, son aún muy difíciles de preveer y evaluar. Ya están surgiendo intentos, aún muy modestos, de recontrolar al menos una parte del proceso. En esta linea se incribe la iniciativa del comité de supervisión bancaria de Basilea, que en la segunda semana de abril ha hecho públicos 25 principios que deben regir el negocio bancario mundial. Los más importantes países del mundo, incluso del Tercer Mundo, están detrás de este primer intento de establecer una regulación bancaria global. Pero hay mucho camino por delante y mucha niebla en el camino.

Miguel Ormaetxea Arroyo