Prensa: renovarse y morir

Miguel Ormaetxea ArroyoEl suplemento dominical «El País Semanal» ha presentado el pasado fin de semana una renovación total «con el mismo periodismo de referencia que la revista propone desde su primer número, el 3 de octubre de 1976». Con tal declaración de principios, el «nuevo» suplemento solo puede ser un fracaso estrepitoso, uno más, tras varias remodelaciones seguidas. ¿O acaso no se han enterado que estamos en un mundo digital que ha cambiado radicalmente el panorama de los medios de comunicación? Apúntese esta palabra que tienen grabada en sus despachos los principales editores del mundo: d-i-s-c-o-n-t-i-n-u-i-d-a-d.

El suplemento del diario líder en España llegó a distribuir más de un millón de ejemplares y estaba tan repleto de publicidad que se rechazaban originales por exceso de saturación de anuncios. Ahora es un patético suplemento, con un diseño minimalista que realza los mismos contenidos de siempre, pero en su versión más desnortada, una mezcolanza de naderías con fotos grandes y pretenciosos reportajes de «contenido humano». Su ingreso publicitario ha vuelto a reducirse nada menos que el 31% hasta agosto. No creo que ahora se produzca una avalancha de anunciantes a la vista de la brillante portada en blanco que está pidiendo a gritos una lupa. No se puede esperar mucho de un diario que un día fue brillante y ahora reduce la información sobre la economía digital a una o media página en la sección de Pantallas, junto a la programación de TV.

No hay una economía digital y otra analógica, tradicional. La información y la comunicación es ahora digital y eso lo cambia todo. Nuestra capacidad para informarnos, formarnos y resolver un problema, es ahora asombrosa. Un alto directivo de Mercedes-Benz ha dicho que en su empresa ya no se consideran fabricantes de coches, sino una corporación de información y comunicación.

Los medios españoles no se enteran o no quieren enterarse y eso es muy grave, no solo por los miles de despidos, por la ausencia de influencia en los mercados vitales para nuestras empresas como América Latina, donde los medios digitales anglosajones cada día tienen más influencia, también por el empobrecimiento de nuestra zarandeada democracia, por la pobreza en el debate y la circulación de las ideas, etc.

Lo que le pasa al suplemento de «El País» le sucede también a la competencia, desgraciadamente no están solos en su desgracia. El suplemento de Vocento y «La Vanguardia» también intenta renovarse (-27% en los ocho primeros meses). Y «El Magazine» de «El Mundo» (-28%), más coherente, no se renueva, simplemente desaparece en noviembre. Por cierto que «El Mundo cambia de piel» y se presenta el 4 de noviembre, justo el mismo día que «La Razón» celebra su 25 aniversario. Deseamos el mayor éxito a Pedro J. Ramírez y Francisco Maruhuenda , pero debemos anotar que el mundo no ha cambiado de piel sino de mente, y la nueva mente del emperador no tolera los inmovilismos, los convierte en estatuas de sal. «El Mundo» tiene que cambiar de algo más que de piel.