ARNm, mucho más que una vacuna

Los medicamentos más poderosos pueden estar dentro de nosotros.

El 19 de mayo, en el centro de salud a la vuelta de la esquina de mi casa en Madrid, me pusieron la segunda vacuna contra la Covid-19 de BioNTech/Pfizer y me dieron el certificado de pauta vacunal completa. Estoy inmunizado. Como soy periodista y he comprobado que sobre la tecnología pivota actualmente no solo el progreso, sino probablemente el destino del Homo Sapiens, he querido averiguar más sobre el asunto, que nos va a permitir dejar atrás, al menos en esta fase, la peor pandemia que haya sufrido la humanidad en tiempos modernos. Que, además, ha paralizado la economía global con una pérdidas aterradoras. Lo que me han inyectado, sin la menor reacción por el momento, es algo más que una simple vacuna de las habituales. Es un elocuente ejemplo de cómo funciona la ciencia y la investigación de alto nivel y tal vez, hemos dado con algo simple y de un enorme potencial: descubrir que la medicina más poderosa del mundo podría estar dentro de nosotros.

En primer lugar, debemos rendir homenaje a un matrimonio de turcos de origen, Ugur Sahin y Özlem Türeci, afincados en Alemania, con amplia experiencia en inmunoterapia, que fundaron allí varias empresas para investigar tratamientos contra el cáncer basados en ARNm: BioNTech y Moderna. Esta segunda, recibió decenas de millones de dólares de la famosa DARPA, la agencia americana de investigación de defensa, para desarrollar vacunas contra los virus. BioNTech se asoció con Pfizer el año pasado, para desarrollar terapias para combatir el cáncer avanzado. Encontraron, entre otras cosas, que las terapias de ARNm ralentizan y revierten efectos de la esclerosis múltiple. La fase experimental de esta empresa puede costar mil millones de dólares, pero su potencial es en principio inmenso. Tomo muchas datos de un excelente y largo trabajo del experto Derek Thomson publicado en “The Atlantic”. La primera enseñanza es que el progreso científico puede ocurrir repentinamente, tras largos períodos de gestación que pueden ser muy costosos. La participación pública puede ser esencial.

Pfizer y BioNTech estaban muy bien preparados para afrontar la Covid-19. Solo redirigieron su investigación sobre la gripe hacia el nuevo virus e intercambiaron la proteína de la gripe por la proteína de pico de coronavirus. El 11 de enero de 2020, los chinos publicaron la secuencia genética del virus y en 48 horas la vacuna de ARNm de Moderna estaba lista. ¡Pero llevaban 40 años de investigación!

Luego está el cáncer, que no es una enfermedad sino muchas, más de 100, nombradas por el lugar del cuerpo donde se originan. BioNTech está actualmente en ensayos clínicos para vacunas personalizadas en básicamente “todos los cánceres sólidos”, incluidos el melanoma, el cáncer de mama y el de ovario. Prevén un rápido avance, pero no pretenden que el ARNm sea el santo grial de todo.

Hemos entrado en un interesante campo de sabiduría colectiva y puede ser el comienzo de una posible era dorada de las vacunas, dice Thompson. Pero no hay certezas. Sí sabemos que, sin la financiación y la filantropía de los gobiernos, las empresas podrían haber quebrado antes de lograr las vacunas. Sin una comunidad científica internacional globalizada, estaríamos todavía chapoteando en el espantoso pantano de millones de muertos y pérdidas económicas colosales, sin horizonte a la vista.

Todos deberíamos aprender de esto. Especialmente los negacionistas y el inmenso mar de la ignorancia.

Esa es la peor pandemia.

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